La verdad es que no me acuerdo muy bien de como llegamos a valparaíso. Siempre tuve las ganas de conocer los cerros, los colores. Mi madre no era muy buena para viajar, solo se preocupaba de mi educación y la moral. Aún así siempre tuve las ganas, de salir lejos, de respirar el mar de cerca y confundirme con el horizonte casi infinito del mar.
Hacía frío, no conocía en lo mas mínimo el puerto. No teníamos mucho dinero tampoco, solo el suficiente para pagar los boletos del bus y comer algo por ahí. Tampoco teníamos mapas digitales, es por eso que una vez que llegamos empezamos a caminar guiándonos por el mar, en dirección al puerto. no hicieron falta mas de 10 minutos caminando para sentir el peso del cansancio, tu cara cansada y aburrida, pero por dentro haciendo una de las mejores historias de amor del planeta. Llegamos a una plaza donde siempre sale en la televisión, recuerdo por los colores grises y un par de estatuas de heroes patrios que me enseñaron en historia.
Subimos a un ascensor y aún no creo como lo pude hacer, creo que es por la seguridad que me dabas. La vista era privilegiada, y a pesar del miedo a las alturas, no quería bajar de ese lugar. Hacia frío recuerdo, andábamos con nuestras chaquetas y bufandas, todo era perfecto, así como la bajada entre calles de colores, y de gente que le encanta pintar, personas que crean y fluyen sus emociones mezclando colores, dibujando sentimientos en cada casa, muralla, de esa bajada.
Recuerdo muy bien esa felicidad de conocer la casa color turquesa-celeste que tanto esfuerzo me costó pintar en mi guitarra, y en el cuadro que aparece mi guitarra pintada. (suena raro, pero es la pintura, de la pintura) por fin estaba en ese lugar, y tu me estabas acompañando.
La tarde avanzo muy rápido, como en los días entretenidos, en que solo miras el reloj para ver cuanto mas queda por disfrutar. No sé como terminamos en un patio de comidas, comiendo papas fritas con bebida, recordando lo entretenido que es andar en el trolebús, me sentía como en una película del año 70.
Cuando volvimos hacia muchísimo frió, las ventanas del bus estaban empañadas de calor, era tanto el cansancio que me dormí en tus brazos.

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