para llegar a la playa habia que bajar una pendiente de escaleras, entre vidrios, arena, y el sonido de las olas romper a lo lejos. antes de llegar estaba la cabaña, un tanto humeda por fuera por el clima de alla, el piso era de madera, el olor era increiblemente rico, ese olor a madera que se mezcla con la lana. recuerdo que había una chimenea, que solo se prendía por las noches de invierno para sentir el calor de esos árboles que arden para poder subir en algo la temperatura. toda la casa era de madera, toda para nosotros, para poder acurrucarnos en el sofa a ver una pelicula entretenida, para poder comer chocolate blanco, tomar café de ese rico que tu preparabas, o comer tostadas del pan que hacen en la playa, que es mucho mas rico que el que hacen aquí en la ciudad.

en tus ojos se reflejan las llamas del fuego – me dijo mientras me miraba.

siempre tan pendiente de mis ojos, de mis manos, de mis gestos. quizas estas enamorada y aún no valoras estar con la persona que realmente amas, a tu lado, preparando las sabanas y 5 frazadas para pasar la noche, ahí nosotros dos, yo a tu lado, por dentro el calor del fuego y por fuera las olas del mar desesperadas por querer llegar mas lejos.
te dormiste en mis brazos, y yo me dormí con el ritmo de tu respiración, ahí, en tu cuello, como un gatito regalón.

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